Zelensky negocia la paz con los cuñados de Trump para que le reactiven el internet

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En un episodio digno de una comedia de enredos con pasaportes diplomáticos, el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, se sentó a tomar un café con dos individuos que parecían sacados de un casting para una película sobre especuladores inmobiliarios: Steve Witkoff y Jared Kushner. Oficialmente, la misión de este dúo dinámico enviado por la Casa Blanca era hablar de «paz». Extraoficialmente, todo apunta a que Zelensky solo quería saber quién le había cambiado la contraseña del wifi de la nación.

Informe El Chapucero

Al parecer, el Tío Sam decidió que Ucrania se había portado mal y le aplicó el castigo más temido del siglo XXI: dejarlo sin acceso a la información privilegiada. Zelensky, con cara de quien lleva tres días sin poder ver sus series, admitió que el flujo de datos de inteligencia estuvo «bloqueado durante un tiempo». Agradeció que Washington finalmente le volviera a pasar los apuntes, porque, según él, «solo Estados Unidos dispone de esa información única para avisarnos cuándo Rusia utiliza misiles balísticos». Básicamente, es como tener un amigo que te sopla las respuestas del examen justo antes de que el profesor te lance el borrador a la cabeza.

La cosa se puso más peliaguda cuando Zelensky confesó que el servicio de internet por satélite de Elon Musk, conocido como el caprichoso de la galaxia, empezó a funcionar más lento que una procesión de caracoles. Curiosamente, esto ocurrió justo después de que a Donald Trump no le hiciera ninguna gracia que Ucrania anduviera bombardeando refinerías rusas. Zelensky, atando cabos como un detective de telenovela, sugirió que la orden de «bájenle dos rayitas al internet de estos muchachos» vino directamente desde el despacho oval. Una movida digna de un padre que castiga a su hijo adolescente quitándole los datos del móvil.

Mientras tanto, al otro lado del charco, la Unión Europea, en su papel de tía estricta que no aguanta tonterías, frunció el ceño. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, básicamente dijo que a ellos no los mueven con jueguitos de apagar y prender sanciones. «Nuestras sanciones están funcionando, pero debemos hacer más», afirmó, probablemente mientras preparaba el vigésimo segundo paquete de medidas, que seguro incluye la prohibición de exportar calcetines con sandalias a Moscú. La UE dejó claro que no levantarán ni una sola restricción hasta que Rusia recoja sus juguetes y se vaya a casa.

Así que, mientras Zelensky intenta descifrar si sus aliados son socios o los administradores de su plan de datos, el mundo observa este circo diplomático. Por un lado, Estados Unidos juega a ser el proveedor de internet que te corta el servicio si no pagas a tiempo o si haces mucho ruido. Por otro, la Unión Europea se mantiene firme como una abuela que se niega a quitar un castigo. Y en medio de todo, un país entero esperando que, entre negociaciones de paz y problemas de conexión, a alguien se le ocurra ponerle fin a la guerra.

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