En una de las tramas más ridículas del mundo financiero, resulta que los genios a cargo de las pensiones en Chile eran como un niño con la tarjeta de crédito de sus papás en una dulcería: sabían que iban a terminar con dolor de panza, pero no podían parar. Durante más de un año, los ejecutivos de las administradoras de fondos de pensiones (AFP) le suplicaron en secreto a los reguladores que les pusieran reglas para prohibirles hacer exactamente lo que estaban haciendo. La razón de su ataque de pánico y honestidad era que la competencia era tan salvaje que nadie quería ser el primer aburrido en dejar de ganar dineral con apuestas arriesgadas.
Y como en toda buena tragicomedia, el chistecito les explotó en la cara. Lo que hace apenas ocho meses era una ganancia de 2.100 millones de dólares, se transformó en un agujero negro de 7.700 millones de dólares en pérdidas. La culpa la tuvo un cambio brusco en las tasas de interés de Estados Unidos, dejando a los fondos chilenos más colgados que un jamón en Nochebuena. Mientras tanto, el regulador al que le rogaron ayuda ahora se lava las manos, diciendo que no es su trabajo evaluar las decisiones de inversión de los demás. Básicamente, es como si un bombero viera una casa en llamas y dijera: «qué pena, yo solo conduzco el camión».
Lo más cómico, si no fuera porque se trata de los ahorros de la gente, es que los más perjudicados fueron los fondos supuestamente «conservadores». Sí, esos fondos diseñados para la gente que está a punto de jubilarse, los que deberían ser más seguros que un frasco de mermelada en la despensa, fueron los que perdieron hasta un 10,4% este año. El resultado es que gente como Margarita Saldía, de 57 años, ahora tendrá que posponer su jubilación porque unos señores de corbata decidieron jugar a la ruleta rusa con su dinero.
Por supuesto, las AFP tienen una excusa digna de un niño de cinco años atrapado con la mano en el tarro de galletas. La asociación del gremio rechaza que a sus movidas se les llame «apuestas», insistiendo en que son una «herramienta habitual para gestionar carteras a largo plazo». Es el equivalente financiero de decir «no choqué, solo le di un beso inesperado al poste». Mientras tanto, los políticos están furiosos y exigen explicaciones, como si no supieran que en el mundo de las finanzas pedir perdón es más raro que ver a un político trabajando en domingo.
Así que el famoso modelo chileno de pensiones, ese que fue exportado como la última maravilla del mundo, hoy parece un meme andante. La recomendación de los asesores a quienes están por jubilarse es tan directa como deprimente: «Ni se le ocurra jubilarse ahora». En resumen: aguante la tormenta, cruce los dedos y rece para que los genios a cargo de sus ahorros no descubran una nueva forma creativa de hacerlos desaparecer.




