Estados Unidos le da borrón y cuenta nueva a un pieza de cuidado venezolano

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¡Agárrense de la brocha que ahí les va la escalera! En un giro de guion más inesperado que encontrar aguacate barato en enero, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos decidió que ya era hora de perdonarle los pecadillos a Jorge Rodríguez, el mandamás de la Asamblea Nacional venezolana y hermanísimo de la presidenta interina, Delcy Rodríguez. Así como quien borra un contacto tóxico del teléfono, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) sacó su nombre de la lista de los niños malos, sin molestarse en dar una explicación. Al parecer, la memoria es corta cuando hay intereses de por medio.

Informe El Chapucero

Recordemos que este angelito no se ganó su lugar en la lista negra por coleccionar estampitas. A Rodríguez se le acusa de haber dirigido la represión contra manifestantes con el mismo entusiasmo que un niño con cohetes en fin de año, dejando un saldo de muertos y torturados que haría sonrojar al villano de una telenovela de las nueve. En un mundo con lógica, él y su hermana Delcy ya estarían compartiendo celda con Nicolás Maduro, discutiendo sobre a quién le toca barrer.

Pero esto es política, el lugar donde la lógica se fue de vacaciones y no piensa volver. Delcy, la interlocutora oficial con Washington, ya había recibido su «salga de la cárcel gratis» en abril, justo después de que Maduro y su esposa Cilia Flores fueran enviados con un boleto de ida a Nueva York para enfrentar a la justicia. Todo esto es parte de la mágica transición venezolana, un tinglado pilotado por la presidenta interina y supervisado por el mismísimo Donald Trump, lo que garantiza que el resultado será tan coherente como un discurso de reina de belleza.

Mientras tanto, Rodríguez, un psiquiatra de 60 años que seguramente usa sus conocimientos para volver locos a sus adversarios, se prepara para otra ronda de negociaciones. Porque en el circo de la diplomacia, no importa si antes eras el domador de leones más sádico; si sabes sentarte a la mesa y sonreír para la foto, siempre habrá un asiento para ti. Moraleja: pórtate mal, que si negocias bien, hasta te descongelan las cuentas para que te compres un helado.

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