Kristalina Georgieva, la mandamás del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha decidido arruinarnos el desayuno con sus últimas predicciones. Resulta que el combo del apocalipsis, compuesto por el avance de la Inteligencia Artificial y la economía global, amenaza con convertir la brecha entre países ricos y pobres en un cañón insalvable. Básicamente, mientras unos se preparan para viajar a Marte, otros seguirán luchando para pagar el internet de casa.
La cosa se pone peor cuando los países con dinero suben sus tasas de interés, un movimiento que para las economías emergentes es como recibir un codazo en las costillas en un concierto lleno. Según Georgieva, el costo promedio para pagar las deudas ha saltado de un manejable 6% de los ingresos a un doloroso 14%. Es el equivalente financiero a que el banco te duplique el interés de la tarjeta de crédito justo después de que te despidieran del trabajo.
Ante este panorama desolador, el FMI ha activado su modo «limosnero con clase», pidiendo a sus miembros que se rasquen el bolsillo. Georgieva instó a todos a ponerle más billetes a sus fondos con nombres de telenovela, como el «Fondo Fiduciario para la Reducción de la Pobreza y el Crecimiento». En resumen, están pasando la charola para que los países más vulnerables no terminen vendiendo chatarra para pagar sus deudas externas.
Y por si fuera poco, a la fiesta del desastre se suman el aumento del precio del combustible y la comida, junto a una alarmante falta de ganas de invertir en proyectos arriesgados. Georgieva mencionó que todo esto pasa a pesar de los años de «duro trabajo» de estos países, una frase que suena a palmadita en la espalda antes de empujarte por un barranco. Es la tormenta perfecta para cualquiera que no sea multimillonario.
Para rematar, el FMI pronostica un crecimiento global tan emocionante como ver secar pintura, con un tímido 3.1% para el 2026. Mientras el mundo se tambalea, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, aprovechó para lanzarle una indirecta a China sobre la competencia desleal. Una escena conmovedora: los dos gigantes peleándose en el patio de la escuela mientras la casa de los demás se inunda.




