China castiga a Paraguay y Belice por juntarse con Taiwán, prohibiéndoles ir a una fiesta a la que ni querían ir

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En un episodio de drama internacional que parece sacado del manual de «Cómo hacer un berrinche y no morir en el intento», el gobierno de China decidió que ya tuvo suficiente de que Paraguay y Belice anden de amiguitos con Taiwán. La solución, digna de un niño al que le quitan su juguete, fue imponer sanciones a dos de sus ministros, básicamente diciéndoles: «¡Ya no puedes venir a mi casa a jugar!». El giro cómico es que, al parecer, a los ministros ni les importaba la invitación.

Informe El Chapucero

La gran represalia del gigante asiático consiste en prohibirles la entrada a China, Hong Kong y Macao. Una medida tan aterradora como amenazar a un vegano con quitarle el tocino. Además, ninguna empresa china podrá hacer negocios con ellos, lo que probablemente les preocupa tanto como a un pingüino el precio de la gasolina. China insiste en que Taiwán es su provincia rebelde, como ese primo que se fue de casa, se volvió exitoso y ahora la familia insiste en que «sigue siendo parte del clan», aunque él ni conteste las llamadas en Navidad.

La reacción del ministro de Comunicación de Paraguay, Gustavo Villate, fue el equivalente diplomático a encogerse de hombros y soltar una carcajada. En lugar de llorar en un rincón, calificó la sanción como una «medalla de honor». Es como si tu ex te bloqueara en redes sociales y tú lo celebraras como una liberación. Villate aseguró que seguirán trabajando con Taiwán con más ganas, porque aparentemente, nada motiva más que un berrinche ajeno. Taiwán, por su parte, le dijo a China que se metiera en sus propios asuntos, recordándole que no puede decidir quién se sienta con quién en la cafetería del mundo.

Mientras tanto, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, con cara de pocos amigos, acusó a los políticos de ser «peones» de Taiwán y de «difamar» a Pekín, probablemente por no reírse de sus chistes o no darle la razón en todo. China sigue intentando que los pocos amigos que le quedan a Taiwán cambien de bando, una táctica que funcionó con Nauru y Honduras, quienes al parecer prefirieron cambiar de lealtad a cambio de una promesa de dulces. Pero Paraguay y Belice, por ahora, parecen disfrutar demasiado de su nueva «medalla de honor» como para prestarle atención al gigante enojado del otro lado del patio.

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