La confianza del consumidor yanqui se desploma más que tu dignidad en la posada de la oficina

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Parece que la cartera del estadounidense promedio tiene más telarañas que la casa de un fantasma en bancarrota. Según una encuesta de la Universidad de Míchigan, la confianza del consumidor se fue al sótano en octubre, cayendo a 46.3 puntos desde los 48.1 de septiembre. Los economistas, que al parecer usan una bola de cristal defectuosa, esperaban que se quedara en 47.8, pero la realidad les dio una bofetada con la cuenta del supermercado.

Informe El Chapucero

El culpable de este bajón anímico colectivo tiene nombre y apellido: conflicto en Oriente Medio. La cosa se puso color de hormiga y ahora hasta el papel de baño amenaza con cotizar en la bolsa de valores. La gente ve los precios y siente el mismo pánico que cuando se dan cuenta de que olvidaron pagar la tarjeta de crédito después de las vacaciones.

Joanne Hsu, la jefa de la encuesta que debe tener el trabajo más deprimente del mundo, lo confirmó. Dijo que la frustración por el costo de la vida está creciendo más rápido que los chismes en un grupo de WhatsApp familiar. Al parecer, la gente de todo el espectro político está de acuerdo en algo por primera vez: la economía va en picada como avión de papel en un huracán.

Como siempre, el hilo se rompe por lo más delgado. La señora Hsu agregó que los más apaleados son los que tienen ingresos más bajos y los que guardan sus ahorros debajo del colchón en lugar de tener un portafolio de acciones digno de un magnate. Estos grupos, que ya hacían malabares para llegar a fin de mes, ahora sienten que el alza de precios es un gancho directo al hígado financiero.

Y para rematar, la gente ya ni siquiera tiene esperanzas. Las expectativas de inflación para el próximo año subieron a 4.7%, un numerito que asusta más que el estado de cuenta después de Navidad. Este indicador ha saltado desde un más “amigable” 3.4% en febrero, justo antes de que el mundo decidiera que la paz era aburrida. A largo plazo, la cosa no mejora, con una expectativa a cinco años que también se estacionó en un pesimista 3.5%.

En resumen, el consumidor estadounidense está más nervioso que un gato en un cuarto lleno de mecedoras. Entre la gasolina por las nubes y el aguacate a precio de oro, muchos están considerando seriamente cambiar su «sueño americano» por una siesta americana, a ver si al despertar todo fue una pesadilla carísima.

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