En el gran manicomio del fútbol mexicano, pocas relaciones son tan extrañamente tóxicas como la de Pumas y Cruz Azul. Bautizado «El Clásico de la Obsesión», este duelo es menos un partido que una violenta sesión de terapia de pareja, donde la cancha sirve de diván y el balón es el objeto que se avientan.
La locura se oficializó en el Guard1anes 2020. Cruz Azul, con un 4-0 de ventaja, se probaba el anillo de campeón, pero Pumas les devolvió la dosis en Ciudad Universitaria, iniciando una orden de restricción emocional. La cosa empeoró en 2025, cuando La Máquina, por obras en el Azteca, se mudó como inquilino a CU. Resultó ser el roomie que gana trofeos en tu casa, como la Concachampions de Vicente Sánchez, y hasta te dice que el lugar ya es suyo, como hizo Carlos Rodríguez. El clímax de esta telenovela fue la final del Clausura 2026. Pumas, ganando 1-0 con gol de Robert Morales, estaba a minutos de romper 15 años de malaria. Sin embargo, un autogol de Ángel Rico y un tanto de Rodolfo Rotondi, tras la expulsión de Uriel Antuna, le dieron la décima estrella a los cementeros en la sala de los universitarios. El equipo hoy dirigido por Joel Huiqui acumula 30 partidos sin perder en ese estadio, una racha que parece más una ocupación ilegal que una estadística deportiva.
Este domingo 11 de octubre, ambos equipos llegan con tres juegos sin ganar. Pumas, duodécimo en la tabla, intentará cambiar las cerraduras de su hogar de una vez por todas. Cruz Azul, séptimo, solo pasará a recoger el correo y, de paso, ver si puede llevarse otros tres puntos de la sala.



