El FMI diagnostica a la economía mundial con un caso agudo de bipolaridad financiera

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Kristalina Georgieva, la mandamás del Fondo Monetario Internacional, salió a dar el parte médico de la economía mundial, y el diagnóstico no es para nada alentador. Resulta que nuestras finanzas globales están atrapadas en medio de un tira y afloja más tenso que cinturón de luchador de sumo después de la cena. De un lado, la inteligencia artificial, tirando con la fuerza de mil cerebritos entusiasmados; del otro, los precios de la energía, jalando con la terquedad de una mula que no quiere caminar.

Informe El Chapucero

El petróleo, ese líquido negro que cuesta más que una lágrima de unicornio, no baja de los 100 dólares por barril. Y por si fuera poco, los costos de refinación le suman otros 100 dolaritos al precio de productos clave, como el diésel, haciendo que llenar el tanque del coche se sienta como una estafa a mano armada. Georgieva básicamente nos dice que nos abriguemos bien este invierno, porque el gas natural también está por las nubes y no parece que los precios vayan a bajar pronto, al menos no hasta 2027.

Mientras tanto, en la otra esquina del cuadrilátero, la inteligencia artificial está en pleno auge, gastando energía como si no hubiera un mañana y generando una demanda que también empuja la inflación hacia arriba. Es como esa fiesta a la que solo invitaron a los populares, porque la directora del FMI asegura que muchos países se están quedando fuera de este fiestón tecnológico. Así que tenemos una fuerza que crea riqueza para unos pocos y otra que nos empobrece a todos. Un plan sin fisuras.

Pero esperen, que aún hay más desgracias en este panorama apocalíptico. La deuda pública global está en su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, y para antes de 2030, se espera que supere el 100% del PIB. Esto significa que el mundo deberá más de lo que produce en un año entero. Es como si la humanidad entera hubiera reventado la tarjeta de crédito en caprichos y ahora tocara pagar la cuenta con intereses de agiotista.

Y ¿quiénes son los más manirrotos en esta historia? Según Georgieva, las economías avanzadas, con Estados Unidos a la cabeza, son los que tienen la billetera más agujereada. La solución, según la experta, es que estos países dejen de hacerse los desentendidos y pongan en marcha planes «creíbles» para recortar gastos. Una recomendación tan novedosa y audaz como decirle a alguien que para adelgazar debe comer menos y moverse más. Veremos si le hacen caso o si prefieren seguir pidiendo prestado para tapar el agujero.

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