La exposición prolongada a la luz azul emitida por celulares y computadoras, especialmente durante la noche, representa un peligro para la salud. Esta luz suprime la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, alterando los ritmos circadianos y desincronizando el reloj biológico interno.
Diversos estudios han vinculado esta disrupción con el aumento de enfermedades graves. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasifica el trabajo nocturno, caracterizado por la exposición a luz artificial, como “probablemente cancerígeno”. Se ha demostrado que la luz azul incrementa el riesgo de cáncer de mama, próstata y colon, así como de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
El espectro azul de las pantallas es el principal responsable de estos efectos, ya que inhibe de manera más intensa la secreción de melatonina en comparación con otras fuentes de luz. Esta exposición prolongada mantiene al organismo en un estado de alerta permanente, favoreciendo procesos inflamatorios y metabólicos perjudiciales.
Para reducir estos riesgos, se recomienda el uso de filtros de luz azul, gafas bloqueadoras y modos nocturnos en los dispositivos electrónicos. Estas medidas buscan limitar la exposición a la luz azul durante la noche y mitigar sus efectos adversos sobre la salud.




