El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, expresó su gratitud al pueblo por la enorme participación en las marchas del 47.º aniversario de la Revolución Islámica (11 de febrero). En un discurso televisado, destacó las multitudes que quemaron banderas de EE.UU. e Israel como muestra de unidad y fuerza nacional.
Jamenei afirmó que los iraníes “apoyaron a la República Islámica como siempre”, decepcionando a los enemigos que esperaban debilidad o rendición. Calificó la jornada como una “gran hazaña” que frustró planes adversarios y reforzó el orgullo nacional en medio de tensiones con Occidente.
Las movilizaciones, convocadas previamente por el propio líder para “decepcionar al enemigo”, reunieron a millones en todo el país. Reforzaron la narrativa oficial de resistencia a injerencias externas y defensa de la independencia.
Jamenei cerró prometiendo mayor honor, poder e independencia para Irán como recompensa divina por esta demostración de unidad, subrayando el valor simbólico de la fecha ante presiones internacionales persistentes.




