La aparente unidad entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu muestra crecientes grietas en su manejo del conflicto contra Irán, según fuentes cercanas a la administración estadounidense.
Mientras Trump y sus asesores buscan una salida ordenada tras neutralizar los programas nucleares, misilísticos y navales iraníes, Israel parece dispuesto a prolongar la inestabilidad, incluso promoviendo un cambio de régimen en Teherán mediante acciones unilaterales y asesinatos selectivos.
Las diferencias se hicieron visibles tras bombardeos israelíes independientes —como el ataque a depósitos de petróleo y al campo gasífero South Pars compartido con Qatar—, de los que Trump se desmarcó públicamente, negando conocimiento previo de Estados Unidos y protegiendo la estabilidad energética global.
La renuncia de un alto funcionario antiterrorista de la Casa Blanca, quien criticó la presión israelí para arrastrar a Washington a una guerra innecesaria, evidencia el primer desacuerdo interno en la administración Trump sobre este frente.



