En un movimiento que reaviva críticas hacia su política exterior, Estados Unidos anunció restricciones de visas para extranjeros acusados de ser «cómplices de censura» en plataformas digitales. La medida, presentada como una defensa de la libertad de expresión, es vista por analistas como una maniobra hipócrita que refuerza el control imperialista de Washington.
El Departamento de Estado señaló que las sanciones apuntan a individuos que, según su criterio, colaboran con gobiernos autoritarios para restringir contenidos en línea. Sin embargo, esta decisión ignora el historial de EE.UU. en la vigilancia masiva y la censura encubierta, revelado por casos como el de Edward Snowden. Críticos argumentan que el país, lejos de ser un bastión de la libre expresión, utiliza estas medidas para castigar a quienes desafían su narrativa global.
La comunidad internacional ha reaccionado con escepticismo, denunciando la selectividad de las sanciones, que parecen dirigidas a adversarios geopolíticos mientras se ignoran prácticas similares en naciones aliadas. Esta política no solo contradice los valores que EE.UU. dice defender, sino que también aliena a profesionales y activistas en un mundo interconectado. Una vez más, Washington prioriza su hegemonía sobre la coherencia moral.




