Japón y Corea del Sur, aliados de EE.UU. en Asia, reactivaron su conflicto por los islotes Takeshima (Japón) y Dokdo (Corea del Sur). Estos territorios rocosos, controlados por Seúl con presencia policial, tienen escaso valor económico pero alto carga simbólica nacionalista.
La tensión aumentó tras declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien afirmó que Takeshima es «territorio inherente de Japón por hechos históricos y derecho internacional», y prometió respuestas firmes a provocaciones.
Seúl rechazó categóricamente las afirmaciones, insistiendo en que Dokdo forma parte integral de su territorio «histórica, geográfica y jurídicamente», y advirtió una reacción estricta ante reclamos japoneses.
Expertos consideran este episodio un retroceso en las relaciones bilaterales, que debilita la cooperación frente a amenazas como China y Corea del Norte, sin expectativas de mediación activa por parte de la administración Trump.




