Toyota Motor Corporation reportó una caída del 37% en sus ganancias netas del trimestre abril-junio, totalizando 841 mil millones de yenes (5,700 millones de dólares), frente a 1.33 billones de yenes del mismo periodo de 2024. La compañía atribuyó este retroceso principalmente a los aranceles impuestos por el presidente estadounidense Donald Trump, que elevaron los costos operativos en 450 mil millones de yenes (3,000 millones de dólares).
El fabricante japonés, líder mundial en producción automotriz, ajustó a la baja su pronóstico de ganancias para el año fiscal que termina en marzo de 2026, pasando de 3.1 billones de yenes (21,000 millones de dólares) a 2.66 billones de yenes (18,000 millones de dólares). Este recorte refleja el impacto de los aranceles del 15% sobre las exportaciones japonesas, que Toyota espera se reduzcan al 12.5% este mes, además de un tipo de cambio desfavorable y esfuerzos de reducción de costos.
A pesar del aumento del 3% en las ventas trimestrales, que alcanzaron 12 billones de yenes (82,000 millones de dólares), los aranceles han trastocado las cadenas de suministro, especialmente para Toyota, que produce vehículos en México y Canadá bajo el T-MEC. La incertidumbre sobre las exenciones arancelarias en estos países, beneficiarios del acuerdo comercial, complica las proyecciones. Analistas de Bloomberg señalan que los aranceles de Trump podrían incrementar los precios de vehículos en EU hasta un 7%, afectando la demanda y la confianza del consumidor, que ya cayó un 11% en abril, según la Universidad de Michigan.
Toyota destacó en un comunicado que, a pesar del entorno adverso, continúa con inversiones estratégicas y mejoras operativas, como el aumento de ventas unitarias y la optimización de la cadena de valor. Sin embargo, expertos advierten que la guerra comercial podría desencadenar una recesión en EU, con un impacto global en la industria automotriz. La empresa anunció planes para construir una nueva fábrica en Japón para reforzar su capacidad productiva y mitigar riesgos.
El panorama económico global, marcado por la volatilidad cambiaria y las tensiones comerciales, pone a prueba la resiliencia de gigantes como Toyota, que busca equilibrar costos y mantener su liderazgo en un mercado cada vez más desafiante.




