pérdida neta de 650 mil millones de yenes, equivalente a unos 4 mil 200 millones de dólares, para el año fiscal que finaliza en marzo de 2026. Con ello, la automotriz japonesa acumularía dos ejercicios consecutivos en terreno negativo, reflejando una crisis financiera y operativa profunda.
En el tercer trimestre (octubre-diciembre 2025), la compañía registró una pérdida neta de 28 mil 300 millones de yenes, aunque menor a lo estimado por el mercado. Los principales factores incluyen altos costos de reestructuración despidos, cierre de plantas y recorte de producción ante ventas globales débiles y una competencia cada vez más intensa.
Entre los agravantes externos sobresalen los aranceles aplicados por Estados Unidos durante la administración Trump, que impactan severamente a fabricantes japoneses. A pesar de una rebaja temporal en algunas tasas (de 27.5% a 15%), Nissan permanece vulnerable. Además, persisten las consecuencias del escándalo de Carlos Ghosn (2018) y el fracaso de la fusión con Honda en 2025.
Aunque el resultado neto es sombrío, Nissan mejoró su pronóstico de pérdida operativa anual a solo 60 mil millones de yenes (390 mdd), gracias a medidas aceleradas de austeridad y disciplina financiera. La empresa confía en recuperar la rentabilidad hacia el cierre del siguiente ejercicio fiscal.




