El gobierno boliviano, bajo el presidente Rodrigo Paz, eliminó los subsidios a la gasolina y diésel mediante el decreto 5503, en respuesta a una emergencia económica. La medida restableció precios con márgenes de referencia, similares a los de 1997, para combatir el contrabando y asegurar el abastecimiento interno.En las primeras dos semanas, el consumo de diésel se desplomó un 50 por ciento, según el Ministerio de Hidrocarburos.
Autoridades estiman que la caída se estabilizará entre 30 y 40 por ciento, confirmando que gran parte del combustible subvencionado se desviaba a países vecinos.Los precios subieron drásticamente: 86 por ciento en gasolina y más de 160 por ciento en diésel. El ministro Mauricio Medinaceli justificó la decisión por la insostenibilidad de importar diésel mientras caen las exportaciones de gas.
Los precios permanecerán fijos el primer semestre de 2026.Para amortiguar el impacto, se anunció un aumento del 20 por ciento al salario mínimo, bonos extras para jubilados y escolares, y transferencias a familias vulnerables. Economistas reconocen la necesidad de la reforma, pese a críticas por su implementación en época navideña.




