El petróleo sube de precio y las bolsas asiáticas se ponen más nerviosas que político en polígrafo

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Agárrense los bolsillos, porque las bolsas de valores en Asia amanecieron con el humor de un recién divorciado. El índice MSCI Asia Pacífico, que suena a nombre de luchador enmascarado, cayó un 0,2%, un descenso sutil pero que anuncia problemas. Los mercados de Corea del Sur y Japón siguieron la tendencia, demostrando que el pánico es más contagioso que un bostezo en una junta de trabajo a las ocho de la mañana.

La culpa de todo este desbarajuste la tienen, como siempre, los políticos jugando a la guerra. Estados Unidos e Irán decidieron desempolvar sus juguetes bélicos en el estrecho de Ormuz, lo que provocó que el precio del petróleo Brent superara los 91 dólares por barril. Esto es el equivalente a que el aguacate suba de precio en plena temporada de guacamole, una tragedia nacional que ahora se ha vuelto global y amenaza con vaciarte la cartera cada vez que llenas el tanque.

Este drama geopolítico desató una reacción en cadena digna de un torpe en una tienda de cristalería. El petróleo caro grita «¡inflación!», y los bancos centrales, con la Reserva Federal a la cabeza, escuchan «¡suban las tasas de interés!». Como resultado, los bonos del Tesoro se pusieron menos atractivos que una película doblada por aficionados, y su rendimiento a 10 años saltó al 4,75%, un nivel que no se veía desde que la gente todavía creía en las promesas de año nuevo.

En medio del caos, hubo un pequeño destello de cordura, o quizás de locura con mucho dinero. Nvidia decidió invertir la módica suma de 3.500 millones de dólares en MediaTek, un fabricante de chips taiwanés. Es como si en medio de un incendio, alguien se pusiera a redecorar la sala. Mientras tanto, los jefazos de la economía, como Kevin Warsh de la Reserva Federal, siguen con su discurso de que van a aplastar la inflación aunque tengan que hacerlo a almohadazos con billetes.

Mientras el dólar perdía un poco de fuerza, el yen japonés continuaba su caída libre, cotizando casi a 160 por dólar, pidiendo a gritos una intervención como si fuera un amigo que no supera a su ex. Por otro lado, y para sorpresa de nadie, el oro, ese viejo confiable de los apocalípticos, se mantenía firme en torno a los 4.450 dólares la onza. Los expertos, por su parte, afirman estar «observando atentamente la volatilidad», que es la forma elegante de decir que no tienen ni la más remota idea de lo que va a pasar a continuación.

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