El gobierno de México y los dueños de gasolineras firmaron de nuevo el acuerdo voluntario que mantiene la gasolina magna en un tope de 24 pesos por litro. La presidenta Claudia Sheinbaum lo anunció en su cuenta de X y explicó que la medida busca proteger el bolsillo de las familias frente a la inflación. En Palacio Nacional, Sheinbaum recibió a los empresarios junto con las secretarias Luz Elena González, Alicia Bárcena y el secretario Édgar Amador Zamora.
El mismo pacto fija el diésel en 27 pesos por litro. Para esta semana el gobierno subió el estímulo fiscal a las gasolinas magna y premium, pero lo bajó para el diésel. Los precios promedio nacionales quedaron en 23.69 pesos para la magna, 28.56 para la premium y 27.02 para el diésel, según datos de PETROIntelligence.
Todo esto ocurre mientras el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán cumple seis meses y sigue alterando el precio del petróleo por la zona del estrecho de Ormuz. Desde marzo el gobierno ha estado subiendo y bajando los estímulos fiscales como quien ajusta el termostato de la casa cada vez que entra o sale un familiar. La volatilidad del crudo ha obligado a estos cambios constantes para que el golpe no llegue directo al surtidor.
Los gasolineros aceptaron mantener los topes sin que nadie tenga que poner multas ni sellos en las bombas. Sheinbaum presentó la renovación como un gesto de apoyo directo a la economía familiar, aunque el precio de la premium subió tres centavos y el diésel bajó uno. El resultado es una especie de tregua semanal que se renueva cada vez que el petróleo decide ponerse dramático.
Al final, el acuerdo parece una negociación eterna entre el gobierno y los empresarios, donde cada ajuste fiscal se celebra como si se hubiera evitado una catástrofe mayor. Nadie sabe cuánto durará esta calma, pero mientras tanto los mexicanos siguen llenando el tanque con la esperanza de que el próximo estímulo no se esfume antes de llegar a la caja.





