En la quinta reunión plenaria del grupo parlamentario de Morena en el Senado, Ariadna Montiel dejó claro que ganar una encuesta no basta si el expediente personal parece sacado de un archivo policial olvidado. La funcionaria insistió en que nadie con antecedentes cuestionables recibirá invitación para competir, sin importar el entusiasmo de las encuestas internas.
Rosa Icela Rodríguez, por su parte, reforzó el mensaje al señalar que ninguna candidatura ni cálculo político puede colocarse por encima de la estabilidad del proyecto. Ambas funcionarias coincidieron en que el filtro no es capricho, sino medida práctica para evitar que el pasado de alguien convierta una elección en un circo mediático con mal final. El criterio se aplicará con la misma frialdad que un inspector de aduana revisando maletas sospechosas: si hay algo que no cuadra, la puerta se cierra.
El tono de la plenaria fue de serenidad operativa. Morena prefiere candidatos que no generen titulares por viejas cuentas pendientes antes que sumar números en encuestas que después se conviertan en dolores de cabeza legislativos. La consigna recorrió el salón como una regla de club privado: quien tenga esqueleto en el armario, que lo deje en casa o ni se presente.
Al final, la reunión terminó con la sensación de que el partido prioriza orden sobre prisa. El mensaje quedó grabado: las encuestas miden popularidad, pero la historia personal decide si hay boleto o solo boleto de regreso a la vida privada.





