Omar Reyes Colmenares, director de la Unidad de Inteligencia Financiera, reveló el 28 de agosto en Palacio Nacional un convenio con Pemex y la Secretaría de Hacienda que permite cruzar información para detectar empresas sospechosas de contrabando de combustible. El mecanismo funciona como un radar burocrático que revisa a quien quiera contratar con la petrolera y evita que cualquier riesgo manche su credibilidad institucional.
El acuerdo transforma la supervisión en una operación quirúrgica: cuando Pemex necesite datos sobre un posible socio, la UIF entrega la información requerida sin rodeos. Imaginar a los contrabandistas como magos aficionados que intentan hacer desaparecer litros de gasolina resulta ridículo frente a un sistema que cruza facturas, contratos y movimientos bancarios con precisión de reloj suizo. Nadie queda fuera del escrutinio y cada verificación refuerza la transparencia del sector energético.
El resultado es una red de control que protege los recursos públicos con la misma seriedad con la que un chef vigila su despensa. Las empresas del ramo ahora saben que cualquier intento de juego sucio se topa con una alianza institucional que no perdona descuidos ni trampas creativas. El convenio avanza sin estridencias y deja claro que Pemex mantiene el timón firme mientras la UIF aporta la lupa necesaria para mantener la operación limpia y creíble ante todos.
En Palacio Nacional, la mañanera sirvió para recordar que la lucha contra el contrabando no necesita espectáculo, solo acuerdos que funcionen.





