Siria condena a muerte a Al Asad… pero el tipo ya ni contesta el teléfono

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Un tribunal sirio le plantó este martes la sentencia de muerte a Bashar al-Asad en ausencia, como quien manda una carta certificada a una dirección que ya no existe. Lo declararon culpable de asesinatos, torturas y detenciones arbitrarias durante casi 14 años de guerra. Primera condena en Siria contra el hombre que gobernó el país con mano de hierro familiar hasta que en diciembre de 2024 los rebeldes le hicieron las maletas a la fuerza.

La gente se agolpó frente al tribunal de Damasco aplaudiendo, coreando consignas y ondeando banderas como si acabaran de ganar la final después de un partido que duró más de una década. Al-Asad, por su parte, está en Rusia desde hace casi dos años con asilo “humanitario” para él y su familia. O sea: la justicia llama a la puerta y el portero dice que el señor salió a comprar el pan… en Moscú.

El juez no se quedó corto. Misma pena de muerte para el hermano Maher, el de la temida Cuarta División Blindada, acusado además de manejar el negocio de las drogas para engordar la caja familiar. Y también para Atef Najib, primo del clan y responsable de seguridad en Deraa, donde arrancaron las protestas en 2011. Najib fue el único que se presentó en persona; los otros dos salieron en la foto del “se busca” con sello de condena.

En Deraa la gente celebró con fotos de víctimas, entre ellas la del niño Hamza al-Jatib, de 13 años, torturado y asesinado. Hasta una fiscal que perdió a su propio hermano en 2011 estaba ahí, escuchando la sentencia con el peso de años encima.

Las nuevas autoridades venden el juicio de casi cuatro meses como justicia de transición. Pero hay quien le pone el dedo en la llaga: con pena de muerte encima, nadie va a devolver a estos tipos a Siria. Anwar al-Bunni lo dejó clarito: esto corta el camino de cualquier extradición. “Justicia teatral, no justicia de transición”, soltó. En cristiano de bar: montaron el espectáculo, bajaron el telón y el protagonista principal sigue tomando té lejos, muy lejos.

Así que Siria ya tiene condena histórica, aplausos en la calle y un detalle absurdo de manual: al hombre lo sentenciaron a muerte en un país al que, precisamente por esa sentencia, probablemente nunca vuelva. El drama sigue, solo que ahora con sello oficial y el acusado mirando desde otra zona horaria.

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