El hospital ABC, los viajes en primera y la tormenta digital que nadie pidió

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La foto de Gonzalo López Beltrán en el Centro Médico ABC desató un vendaval de tuits indignados que duró más de lo que suele durar un café frío. El hijo del expresidente, sin cargo público ni membresía en Morena, eligió un hospital privado para atender asuntos familiares. Los críticos lo trataron como si hubiera robado el presupuesto de la vacuna contra el aburrimiento colectivo.

El senador Gerardo Fernández Noroña recordó lo obvio: cada persona decide dónde gasta lo que gana. El mismo legislador que prefiere el IMSS para sí mismo defendió que Bobby no está obligado a seguir consejos paternos ni a someterse a escáneres de pureza ideológica cada vez que tose. La lógica es sencilla: la vida privada sigue siendo privada, aunque algunos insistan en convertirla en reality de austeridad forzada.

Algo parecido ocurrió con la gobernadora Layda Sansores, captada en vuelo de primera clase hacia Madrid. Noroña respondió con la misma vara: quien paga su boleto viaja como le dé la gana. Los mismos que exigen mesura en los demás suelen olvidar sus propios traslados en aviones presidenciales o asientos Premier pagados con recursos públicos. El contraste resulta tan elocuente como un espejo en un camerino.

Los internautas, armados con capturas de pantalla y memoria selectiva, convirtieron ambos episodios en escándalo nacional. Sin embargo, los hechos permanecen intactos: ningún hospital público dejó de funcionar, ninguna política de salud se derrumbó y ningún vuelo alteró el rumbo del país. El verdadero misterio es por qué una decisión médica y un boleto de avión generan más ruido que los resultados reales de las instituciones que sí operan todos los días.

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