En el turbulento cielo del futbol mexicano, donde el ascenso y descenso se evaporaron como promesas de campaña, Mikel Arriola mantiene la calma mientras algunos aficionados convierten cada vuelo comercial en un mitin improvisado. El presidente de la FMF insiste en que la Liga de Expansión funciona como fábrica de jugadores, no como ascensor emocional para clubes con urgencias deportivas.
Las quejas se multiplicaron durante el Apertura 2026, con manifestaciones que saltaron de estadios a redes y hasta a la cabina de un avión. El 5 de agosto de ese año, un pasajero abordó a Arriola con el grito ya clásico de “¡Queremos ascenso y descenso, Micky!”. El episodio, grabado y compartido como si fuera una revelación, solo confirmó que la paciencia de algunos hinchas es más corta que un partido sin VAR. Mientras tanto, la federación sigue apostando por jugadores Sub-23 y recursos frescos para esa categoría, que considera su principal semillero.
La discusión también se enredó con el respaldo de la FMF a las propuestas de Gianni Infantino y la FIFA sobre competiciones internacionales. Para los críticos, todo forma parte de un mismo complot contra la emoción del descenso. Para Arriola, la prioridad sigue siendo la estabilidad institucional y el crecimiento ordenado de talento joven. Las protestas, lejos de frenar el plan, parecen alimentar la narrativa de un modelo que prefiere resultados a largo plazo antes que dramas semanales de ida y vuelta.
Al final, el ascenso y descenso se convirtieron en el monstruo del lago Ness del futbol mexicano: todos hablan de él, nadie lo ve, y mientras tanto la cantera sigue produciendo piezas que algún día podrían justificar tanto escándalo.




