La primera semana de agosto llegó con datos económicos que parecieron sacados de una telenovela mexicana de bajo presupuesto. La inflación decidió ponerse a dieta y bajó al 3.12 por ciento, su nivel más bajo desde mayo de 2020. Los expertos del Inegi celebraron como si hubieran ganado la rifa del coche, aunque la inflación subyacente sigue rondando el 3.95 por ciento, recordando que los precios de fondo no se rinden tan fácil.
Banxico recibió remesas por 5 mil 472 millones de dólares en junio, un aumento del 4.2 por ciento. Cinco meses seguidos de crecimiento y dos lecturas por encima de los 5 mil millones, como si los paisanos en el norte hubieran decidido mandar dólares en vez de memes de WhatsApp. El pico anterior fue en mayo con 5 mil 611 millones, suficiente para que 4.8 millones de hogares se sintieran como ganadores de la lotería sin haber comprado boleto.
La economía mexicana, según el Inegi, muestra señales de mejora presente y futuro. El Indicador Coincidente subió 0.3 puntos en mayo y el Adelantado avanzó 0.4 en junio, como si el país estuviera a punto de salir de la resaca económica pero todavía buscando las llaves del coche.
La confianza del consumidor subió 1.1 puntos en julio hasta 45 unidades, justo cuando la Copa Mundial de Futbol 2026 se celebró en México. La gente parece más optimista cuando hay goles y cervezas de por medio. La confianza empresarial también avanzó 0.1 puntos, impulsada por la construcción, aunque sigue lejos de los niveles de 2025.
El PIB turístico cayó 0.8 por ciento en el primer trimestre, en línea con la baja nacional del 0.6 por ciento. La industria automotriz, en cambio, vendió 885 mil 349 vehículos ligeros entre enero y julio, un récord histórico que dejó a los concesionarios más contentos que niño con juguete nuevo.
El consumo privado apenas creció 0.1 por ciento en mayo y la inversión fija bruta bajó 0.4 por ciento, como si las familias mexicanas hubieran decidido guardar el dinero para emergencias o para el próximo aumento de la luz. Las exportaciones a Estados Unidos subieron 13 por ciento en el semestre, alcanzando 298 mil 157 millones de dólares, mientras las importaciones crecieron 16.6 por ciento.
En Estados Unidos el empleo perdió 23 mil puestos en julio, pero la tasa de desempleo bajó a 4.1 por ciento. Los analistas esperaban más contrataciones y recibieron una sorpresa parecida a encontrar el refrigerador vacío un domingo por la noche. La actividad manufacturera creció a 55.6 puntos, el mejor nivel en cuatro años, impulsada por la inteligencia artificial y frenada por la guerra en Medio Oriente.
La inflación en la zona euro subió a 2.9 por ciento por el encarecimiento de la energía. El Banco Central Europeo mantuvo las tasas pero dejó la puerta abierta a un posible aumento en septiembre, como quien dice “no te vayas, pero tampoco te quedes”.
El peso mexicano cerró la semana en 17.1385 unidades por dólar, ganando 1.05 por ciento frente al cierre anterior. La Bolsa Mexicana de Valores avanzó 0.82 por ciento y Wall Street celebró máximos históricos con el Dow Jones y el S&P 500 subiendo como si la guerra en Oriente Medio ya se hubiera resuelto con un apretón de manos y una torta de jamón.




