La marca alemana ha decidido que ya no vale la pena seguir fabricando coches cuando puede ganar más dinero vendiendo al pastor con doble tortilla y refresco de dos litros. Los ejecutivos, con cara de quien acaba de perder en la lotería, anuncian recortes masivos y planes de supervivencia que parecen sacados de una telenovela de los noventa.
En vez de invertir en coches eléctricos, Volkswagen prefiere reconvertir sus plantas en cocinas gigantes donde los trabajadores ahora arman quesadillas en lugar de motores. Los sindicatos protestan pero muchos ya están probando el nuevo menú de la empresa, que incluye el modelo “Golf al pastor” con salsa extra.
Al final, la crisis se resuelve a base de tortillas y refrescos, mientras los alemanes aprenden que en tiempos difíciles más vale un buen taco que un coche que se queda sin batería a mitad de la autopista.



