¡Vaya jugada, compadres! Estados Unidos decidió que ya estuvo bueno de que Cuba anduviera comprando tanques y misiles como si fueran dulces en la tiendita de la esquina. El secretario Marco Rubio, con cara de quien acaba de descubrir que su vecino le está robando el wifi, anunció sanciones contra cinco empresas y ocho personas que ayudan a La Habana a jugar a los soldados con Rusia, China e Irán.
Entre los “afortunados” está Álvaro López Miera, el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a quien ahora le van a congelar hasta las botas militares. También le tocó a Roberto Legra Sotolongo, jefe del Estado Mayor, y a los agregados militares en Pekín y Moscú, esos señores que supuestamente van a “coordinar” pero en realidad parecen más bien mensajeros de un grupo de WhatsApp de espías jubilados.
El objetivo principal son las filiales del conglomerado GAESA, ese holding militar que parece una mezcla de ferretería, taller de aviones y club de fans de Fidel. Rubio acusa a Cuba de usar sus militares para espiar a Estados Unidos y de servir de base para que otros países hagan travesuras contra el Tío Sam. O sea, que ahora hasta los aviones de reparación militar van a tener que pedir permiso para despegar… y probablemente se les va a negar.
Esto se suma a sanciones anteriores que ya tenían a GAESA y al MINFAR más vigilados que una fiesta de quinceañera sin supervisión de los papás. Las autoridades cubanas, como siempre, se quedaron calladitas, probablemente ocupadas contando los billetes que ya no van a poder gastar.
En resumen: otro capítulo de “El Tío Sam contra el Caribe”. Porque cuando no puedes ganar en el tablero, siempre queda el recurso de ponerle candado a la cuenta bancaria del otro.
¡Bienvenidos al nuevo juego: sanciones al por mayor y espías que ya ni siquiera pueden pedir un café en el extranjero sin que les revisen el recibo!



