¡Por fin! Después de tres años de hacerse los desentendidos como exparejas que se bloquean en todas las redes, México y Brasil decidieron sentarse a platicar como adultos… o al menos como adultos que fingen llevarse bien por el bien de los niños (o sea, el petróleo).
La VI Reunión de la Comisión Binacional sirvió para que los cancilleres Roberto Velasco y Mauro Vieira se miraran a los ojos y dijeran: “Bueno, ya estuvo bueno de hacernos los interesantes”. Y como todo buen reencuentro latinoamericano, no faltaron los abrazos, los memorandos y las promesas de que “esta vez sí va en serio”.
Lo más jugoso llegó en el terreno energético. Pemex y Petrobras firmaron un memorando para cooperar en aguas profundas. O sea, dos empresas estatales que se la pasan quemando dinero como si fuera leña decidieron juntar sus deudas y sus plataformas para ver si así sacan algo de crudo… y de dignidad. “La energía es el terreno de mayor actividad recíproca”, dijo Velasco con cara de quien acaba de descubrir que el vecino también tiene fuga de gas.
Brasil, muy caballeroso, aceptó cuidar la embajada de México en Perú, como cuando un amigo te pide que le riegues las plantas mientras viaja. “No te preocupes, carnal, yo me encargo de que no te roben las macetas diplomáticas”. México agradeció el gesto como si le hubieran prestado el coche sin rayarlo.
En materia de comercio y educación, acordaron venderse más cosas entre ellos y, lo más importante, llevar cursos de portugués al Instituto Guimarães Rosa. Porque nada dice “hermanos latinoamericanos” como obligar a los mexicanos a aprender a decir “obrigado” sin que suene a que están pidiendo un taco.
También hablaron de reformar la ONU, el multilateralismo y otras palabras bonitas que suenan muy bien hasta que llega la hora de votar. Ambos países coincidieron en que el mundo necesita cambios… siempre y cuando no les toquen sus curules.
Al final, Velasco hasta se reunió con Lula da Silva para entregarle un mensaje de Claudia Sheinbaum. Probablemente algo así como: “Dile que nos vemos en la próxima cumbre y que esta vez sí llevamos los cacahuates”.
En resumen: dos países que se necesitan mutuamente más de lo que están dispuestos a admitir volvieron a firmar papeles, a prometer cooperación y a fingir que todo va de maravilla.
Porque en América Latina, cuando no hay dinero, siempre queda el recurso de hacer una comisión binacional y tomarse la foto.



