El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, planteó reducir los aranceles al acero y aluminio provenientes de México, pero bajo condiciones específicas que limitan el beneficio a ciertas empresas. La propuesta contempla disminuir las tarifas del 50 al 25 por ciento, siempre que las compañías cumplan con nuevos requisitos productivos y de inversión.
El esquema no aplicará de forma general, ya que únicamente las empresas que demuestren planes concretos de inversión en territorio estadounidense podrán acceder a la reducción. Esto convierte la medida en un filtro selectivo que favorece a un grupo reducido dentro del sector industrial.
Asimismo, la iniciativa prioriza a proveedores vinculados con la producción de vehículos medianos y pesados, dejando fuera a la industria de autos ligeros. Para beneficiarse, las compañías deberán cumplir con reglas del T-MEC, realizar procesos de fundición en la región y fortalecer su integración con la cadena productiva de Estados Unidos.
La medida surge en un contexto de tensiones comerciales y podría presionar a empresas mexicanas a relocalizar inversiones, afectando la competitividad exportadora.


