Hungría detuvo dos furgones blindados del banco estatal ucraniano Oschadbank que trasladaban desde Austria hacia Ucrania 40 millones de dólares, 35 millones de euros y 9 kg de oro (valor total ≈80 millones de dólares). Siete ciudadanos ucranianos fueron arrestados.
El canciller húngaro Peter Szijjártó denunció el caso como posible blanqueo de dinero ligado a la “mafia militar” ucraniana y exagentes de inteligencia. Hungría abrió investigación penal, confiscó el cargamento y confirmó la expulsión de los detenidos.
Ucrania rechazó las acusaciones, calificó la detención como “secuestro” y “terrorismo de Estado”, exigió la liberación inmediata de sus nacionales y la devolución de los fondos. Kiev asegura que el traslado era legal, contratado con un banco austriaco y autorizado.
El incidente profundiza la crisis bilateral, alimentada por el bloqueo húngaro al tránsito de petróleo ruso por el oleoducto Druzhba, la oposición de Budapest a nuevos préstamos europeos para Ucrania y acusaciones cruzadas de corrupción y presiones políticas.


