Estados Unidos planteó la necesidad de aplicar una reforma estructural a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el objetivo de reducir su tamaño y limitar sus funciones a lo que considera tareas esenciales, como el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.
La postura fue expresada por el embajador estadounidense ante el organismo, Mike Waltz, durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich. El diplomático afirmó que el organismo multilateral debe “volver a lo básico” y eliminar lo que Washington percibe como exceso de burocracia y programas secundarios.
Según explicó, recientemente se aprobó una reducción cercana al 15 % del presupuesto regular, lo que implicará recortes administrativos y reestructuración interna. Washington sostiene que estos ajustes permitirán una gestión más eficiente y alineada con el mandato fundacional de la institución.
El planteamiento reabre el debate internacional sobre el financiamiento y el papel de la ONU en un contexto de múltiples crisis globales, desde conflictos armados hasta emergencias humanitarias, en momentos en que el organismo enfrenta crecientes desafíos operativos y financieros.




