La Unión Europea designó el 29 de enero de 2026 al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI o IRGC) como organización terrorista, en decisión unánime de sus ministros de Exteriores. Kaja Kallas lo llamó “paso decisivo” contra la represión, y Ursula von der Leyen lo consideró “demorado desde hace tiempo”.
La medida incluye congelamiento de activos y prohibición de viajes para sus miembros, equiparando al CGRI con grupos como Al Qaeda, Estado Islámico o Hamás. Tras años de desacuerdos, especialmente de Francia, la unanimidad llegó en Bruselas por la represión de protestas en Irán y su rol regional.
Irán rechazó la designación con dureza: el canciller Seyed Abbas Araghchi la calificó de “error estratégico grave” e “hipocresía”, criticando la inacción europea ante Gaza. El Estado Mayor iraní la tildó de “ilógica” y acusó obediencia a Washington, defendiendo al CGRI como fuerza nacional soberana.
La decisión eleva las tensiones en Oriente Medio y refuerza el aislamiento de Teherán, sumándose a listas similares de EE.UU., Canadá y Australia, aunque la UE mantiene abiertos canales diplomáticos.




