Tras la intervención militar estadounidense del 3 de enero de 2026 y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, las compañías petroleras de Estados Unidos iniciaron una intensa competencia por controlar las mayores reservas de crudo del mundo.
Las grandes petroleras (Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips) actúan con prudencia, exigiendo garantías legales y estabilidad política antes de invertir, mientras pequeñas empresas independientes (“wildcatters”) y operadores regionales se mueven con rapidez, negociando acuerdos directos con las nuevas autoridades venezolanas.
Chevron, que ya opera con licencia parcial, busca ampliar su presencia, al tiempo que la administración Trump presiona por incluir a más firmas en un esquema que asegure control estadounidense sobre producción y exportaciones.
Aunque el objetivo declarado es reactivar el sector petrolero venezolano bajo influencia de Washington, analistas dudan de la rapidez de las grandes compañías ante la incertidumbre política y la sobreoferta global de crudo. Las pequeñas firmas podrían ganar ventaja inicial, pero la Faja del Orinoco requiere el capital y la tecnología que solo poseen las majors.




