China suspendió restricciones a las importaciones de mariscos de Japón como represalia por las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi, quien vinculó una posible crisis en Taiwán con el despliegue de tropas japonesas.
La portavoz Mao Ning justificó la medida alegando incumplimiento de requisitos sanitarios, afectando productos clave como atún y salmón. Además, Pekín paralizó la aprobación de películas japonesas y suspendió diálogos sobre carne de vacuno.
Las acciones de empresas pesqueras niponas como Kyokuyo y Nissui cayeron hasta 3.1 %, mientras firmas chinas repuntaron más de 20 %. El gobierno chino también advirtió a sus ciudadanos contra viajar a Japón.
Esta nueva escalada comercial revive tácticas usadas en 2010 y profundiza las tensiones entre ambas potencias por el futuro de Taiwán.




