{"id":87424,"date":"2026-08-13T15:04:29","date_gmt":"2026-08-13T21:04:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elchapucero.com\/?p=87424"},"modified":"2026-08-13T15:04:30","modified_gmt":"2026-08-13T21:04:30","slug":"entre-carpas-y-escombros-cali-ruega-para-que-la-lluvia-no-agrave-la-tragedia-del-terremoto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elchapucero.com\/portal\/noticias\/internacional\/entre-carpas-y-escombros-cali-ruega-para-que-la-lluvia-no-agrave-la-tragedia-del-terremoto\/","title":{"rendered":"Entre carpas y escombros, Cali ruega para que la lluvia no agrave la tragedia del terremoto"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Cali, la vida depende de que no llueva. Frente a una monta\u00f1a de escombros que hasta hace tres d\u00edas era un edificio de siete pisos, los vecinos del barrio Cuarto de Legua se persignan y miran al cielo, como si de ah\u00ed pudiera bajar la salvaci\u00f3n o la condena. Otros levantan la vista hacia las copas de los \u00e1rboles, con la esperanza de que las nubes sigan pasando de largo. En la tercera ciudad m\u00e1s poblada de Colombia, y\u00a0una de las m\u00e1s afectadas por el terremoto del lunes, han pasado al menos dos semanas sin que caiga una gota de agua. Ahora, en medio de la peor emergencia del siglo en la ciudad, el clima decide destinos: el de los damnificados que pasan las noches a la intemperie, y el de quienes, tal vez, a\u00fan resisten bajo los escombros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La capital del Valle del Cauca todav\u00eda no dimensiona su propia crisis. Las autoridades reportan 96 personas fallecidas y m\u00e1s de 150 desaparecidas, que podr\u00edan seguir atrapadas bajo edificaciones que colapsaron. Los n\u00fameros son apenas un fragmento de lo que la ciudad ignora: la Alcald\u00eda no ha comenzado el censo de las familias que quedaron sin vivienda ni de cu\u00e1nta capacidad necesitar\u00e1 para resistir a la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ciudad no ha empezado a prepararse para lo m\u00e1s dif\u00edcil. Pasadas las primeras horas de la emergencia, Cali enfrenta ahora una tarea a largo plazo. Deber\u00e1 atender a cientos \u2014tal vez miles\u2014 de damnificados, dar respuesta a las familias de las v\u00edctimas mortales y de los desaparecidos, y reubicar a quienes lo perdieron todo. La alcald\u00eda ha dispuesto, por ahora, un albergue en las Canchas Panamericanas para la reubicaci\u00f3n de unas 60 familias. Pero la ciudadan\u00eda ha construido\u00a0varios albergues informales\u00a0para atender, con sus propias manos, a otros cientos de personas que est\u00e1n desatendidas. Uno de los puntos de concentraci\u00f3n m\u00e1s grandes est\u00e1 ubicado al norte de la ciudad, en el barrio Chiminangos, donde una escalera se desplom\u00f3 a la vista de todos en medio del sismo y dej\u00f3 a una v\u00edctima que muri\u00f3 atrapada en medio de la estructura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La imagen marc\u00f3 al barrio entero. Y a la ciudad. La mujer permaneci\u00f3 32 horas a la vista, sin que ninguna autoridad hiciera el levantamiento del cuerpo. Su hija, entre s\u00faplicas, pidi\u00f3 a la ciudadan\u00eda respeto por su familia y rog\u00f3 que no siguieran difundiendo la imagen que, por horas, se convirti\u00f3 en el rostro de la tragedia que enluta a la ciudad. En ese barrio tradicional y popular, los vecinos se organizaron para atender a cerca de 300 personas que tuvieron que desalojar sus edificaciones por los riesgos de desplome. A modo de advertencia, se lee en las paredes un grafiti improvisado: \u201cRiesgo de colapso. No entrar\u201d. La estructura del edificio sigue resquebrajada, y sus grietas parecen haber sido repelladas artesanalmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Francisco Manrique, de 76 a\u00f1os, ha llegado a pasar la noche all\u00ed. No conoc\u00eda el barrio, pero le ofrecieron posada en una carpa que alguien regal\u00f3, y alimentos que preparan los mismos vecinos. Viene desde Pereira, en el Eje Cafetero, otra ciudad gravemente afectada. All\u00ed, a m\u00e1s de cuatro horas de camino, su casa se desplom\u00f3. Est\u00e1 desamparado. Lleva en su bolsillo derecho un peque\u00f1o papel arrugado, en el que est\u00e1 escrito el n\u00famero telef\u00f3nico de Orfilia, una de sus hermanas, que vive en Cali. Es la \u00fanica se\u00f1al que tiene para llegar a ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese albergue informal decenas de familias han pasado ya dos noches, a la espera de que la Alcald\u00eda,\u00a0la Unidad Nacional de Gesti\u00f3n del Riesgo\u00a0o alg\u00fan ingeniero que se apiade de ellos pueda evaluar los edificios. Katherine Varela, una de las damnificadas, cuenta que el riesgo de colapso de las escaleras es visible y aterrador. \u201cLa estructura est\u00e1 despegada. Los apartamentos no sufrieron tanto, pero las escaleras est\u00e1n que se vienen abajo\u201d. Ella ya subi\u00f3 al apartamento a rescatar algo de ropa, con la instrucci\u00f3n -y la intuici\u00f3n- de hacerlo en puntas de pie, muy despacio. \u201cSubimos de a uno cuando se necesita\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su angustia y la de toda su familia pasa por saber que todas sus pertenencias han quedado atrapadas y porque, si bien ahora la solidaridad abunda, en unos d\u00edas puede escasear. Luisa Mosquera, de 20 a\u00f1os, lacta a su beb\u00e9 Milagros en brazos. Oriunda de Buenaventura, sobre el Pac\u00edfico, lleg\u00f3 dos meses atr\u00e1s para hacer su hogar con el padre de su hija. \u201cLa tierra sonaba como si nos fuera a tragar. Todo el mundo evacu\u00f3 corriendo y no hemos podido regresar\u201d, rememora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el barrio Chiminangos, ninguna entidad oficial ha llegado tras tres d\u00edas de la tragedia. Decenas de familias se volcaron a un albergue improvisado, levantado con lo que hab\u00eda a la mano: lonas, palos, retazos de tela, bolsas. La Alcald\u00eda no ha aparecido para censarlos, dicen, y al no figurar en ning\u00fan listado oficial, estuvieron a punto de quedarse sin las pocas ayudas que empezaban a llegar. Pero el barrio se organiz\u00f3 solo. Hierven ollas comunitarias sobre fogones improvisados, se reparte comida caliente de mano en mano, y sobre mesas y s\u00e1banas extendidas en el suelo se acumulan la ropa donada y las medicinas que la gente les ha conseguido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los vecinos llegan con ollas de caf\u00e9, s\u00e1ndwiches calientes y alimentos no perecederos. La abundancia es tal, que han comenzado a enviar ayudas hacia el norte del departamento o al puerto de Buenaventura. \u201cNo necesitamos m\u00e1s comida, se nos va a da\u00f1ar. Necesitamos ayuda institucional: censos, alternativas, una evaluaci\u00f3n de riesgo para saber si podemos volver\u201d, dice Carlos Morales, mientras se apila junto a sus dos hijos y la madre de ellos en los colchones que improvisan un hogar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Franklin Bernal, desde la otra orilla, cuenta que han empezado los trasteos improvisados y de alto riesgo.\u00a0Nadie quiere perder sus pertenencias. \u201cAyer un vecino empez\u00f3 a sacar las cosas por la ventana del tercer piso, porque no puede bajar nada de peso por las escaleras\u201d. Una cadena humana se arm\u00f3 en segundos para hacer una suerte de polea artesanal que descargara los electrodom\u00e9sticos a trav\u00e9s de una ventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero no todos corren con la misma suerte. Varios apartamentos tienen rejas en las ventanas y muchos de sus due\u00f1os han negado la autorizaci\u00f3n para tumbarlas. En la ma\u00f1ana de este mi\u00e9rcoles, ha llegado el arrendador de Bernal hasta el albergue a cobrar el arriendo de este mes, a sabiendas de que la casa ha quedado inhabitable. \u201cNi siquiera me pregunt\u00f3 c\u00f3mo est\u00e1bamos. Solo vino y me cobr\u00f3 el mes que empieza. Toc\u00f3 pag\u00e1rselo completo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su realidad es la de muchos. Andr\u00e9s P\u00e9rez, de 44 a\u00f1os, duerme en la carpa, pero en el d\u00eda sale a trabajar para conseguir el sustento. \u201cNada se ha detenido y menos los cobros\u201d, cuenta, e interrumpe la conversaci\u00f3n para atender una llamada de su trabajo, al que sigue respondiendo sin pausa, aunque lo haya perdido todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La oficina de prensa de la Alcald\u00eda explica que no ha iniciado el censo ni han logrado la atenci\u00f3n de todos los damnificados. \u201cEl despacho est\u00e1 volcado a las actividades de b\u00fasqueda y rescate de sobrevivientes. Es la m\u00e1xima prioridad\u201d, contesta a este diario. Lejos de esa priorizaci\u00f3n, la gente se siente en el abandono. No tienen ninguna certeza de futuro, m\u00e1s all\u00e1 de que pasar\u00e1n una noche m\u00e1s all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio del albergue improvisado, avisan que una mujer ha comenzado trabajo de parto. No hay cl\u00ednica cerca, ni ambulancia que llegue a tiempo; solo manos conocidas y una solidaridad silenciosa. Katherine, sin decir mucho, toma una vela blanca y la pone sobre el piso de tierra, como quien le pide un favor a algo m\u00e1s grande que ella. \u201cLa tenemos desde el lunes para que no llueva, porque no tenemos a d\u00f3nde ir y la gente en los escombros podr\u00eda hundirse m\u00e1s\u201d, dice, y mir\u00f3 hacia atr\u00e1s. Su prioridad es que su familia est\u00e9 completa. \u201cNos falta Tom\u00e1s, nuestro gato, mi hijo\u201d. Un aguacero podr\u00eda ser la p\u00e9rdida definitiva. En Cali, todav\u00eda, la vida depende de que no llueva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Cali, la vida depende de que no llueva. Frente a una monta\u00f1a de escombros que hasta hace tres d\u00edas era un edificio de siete pisos, los vecinos del barrio Cuarto de Legua se persignan y miran al cielo, como si de ah\u00ed pudiera bajar la salvaci\u00f3n o la condena. 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