En la recta final de su campaña para rescatar a los republicanos antes de las elecciones de mitad de mandato, el vicepresidente JD Vance decidió dejar de hablar del presidente Donald Trump como quien evita mencionar a su ex en una reunión familiar. En vez de eso se centró en sus propias ideas, sobre todo en el nacionalismo económico y en la seguridad pública, temas que según él dominaba mejor que un fontanero dominando una fuga de agua en pleno agosto.
Vance evitó por completo mencionar la guerra con Irán y las deportaciones masivas, dos asuntos que las encuestas mostraban tan populares como una factura de la luz en verano. Dos personas cercanas a su equipo confirmaron que el cambio fue a propósito: el vicepresidente y sus asesores creían que podían vender su receta sin arrastrar el lastre de las decisiones más explosivas del jefe.
El giro se notó sobre todo después de las elecciones, cuando Vance publicó en redes que la guerra con Irán había sido el principal motivo de la derrota republicana. Pidió acabar el conflicto cuanto antes, centrarse en que la gente pudiera pagar la compra y revisar la relación con Israel, todo ello sin mencionar a Trump ni una sola vez, como quien borra el nombre del suegro de la tarjeta de invitación a la boda.
Aunque Trump sigue defendiendo la guerra y ha dicho que no cambiaría nada, Vance actuó como el hijo que ya no quiere heredar el taller familiar porque huele demasiado a chapuza. Algunos aliados conservadores, incluido Donald Trump Jr., aplaudieron el mensaje, mientras que estrategas republicanos lo interpretaron como el primer intento serio de Vance por marcar su propio territorio de cara a 2028.
Los demócratas, por su parte, ya preparan el guion: van a presentar a Vance como el heredero que besa el anillo pero luego se queja de que el anillo aprieta demasiado. Mientras tanto, otros aspirantes republicanos como Ted Cruz y Ron DeSantis ofrecen sus propias versiones de la derrota, cada uno más surrealista que el anterior, como si compitieran por ver quién culpa más a los precios de la gasolina o a los debates sobre temas que la gente ni siquiera menciona en la cola del supermercado.



