Los votantes anticipados han batido récords como si estuvieran escapando de una boda interminable donde el suegro cuenta chistes malos. En todo el país ya superaron los cuarenta y siete millones de papeletas antes del tres de noviembre, y en los estados más reñidos la cosa se pone más caliente que una discusión familiar sobre fútbol.
En Texas más de seis millones de personas ya depositaron su voto, un cincuenta por ciento más que hace cuatro años, mientras que en Carolina del Norte el aumento ronda el treinta y siete por ciento. Carolina del Sur, por su parte, superó todo el voto anticipado de dos mil veintidós con cinco días de sobra, como quien acaba las sobras de la cena antes de que lleguen los invitados.
Los demócratas inscritos representan el cuarenta y cuatro por ciento de esos votos tempraneros, frente al treinta y uno por ciento de republicanos, algo que los expertos interpretan como una ventaja inicial pero no definitiva. Michael McDonald, el politólogo que lleva la cuenta, señala mayor participación entre votantes negros e hispanos, sobre todo en zonas fronterizas de Texas, donde parece que la gente decidió resolver el papeleo antes de que el martes se convierta en una telenovela de enredos.
Aun así, nadie garantiza nada. Los republicanos suelen votar el día de las elecciones como quien deja la compra para el último momento, y millones de papeletas más están por llegar. Una participación anticipada alta no siempre significa más gente en total, solo que algunos prefieren quitarse el trámite de encima antes de que el vecino pregunte por quién votaron.




