OpenAI tiene planes de adquirir chips especializados en inteligencia artificial directamente de Google, en un movimiento que parece más un pacto entre rivales que una compra normal. Las negociaciones siguen en secreto y nadie quiere confirmar los detalles, lo que deja a todos imaginando qué tan picante será el trato final. La empresa detrás de ChatGPT ya rechazó dar explicaciones, igual que Google, manteniendo el misterio como si fueran dos adolescentes escondiendo un mensaje.
La estrategia de OpenAI incluye fabricar sus propios chips llamados Jalapeño junto con Broadcom, y cuenta con ayuda de ex empleados de Google que ya saben cómo se hacen estas cosas. Richard Ho, quien lidera el equipo interno, trabajó antes en las unidades de procesamiento tensorial de Google, esas que empezaron como apoyo al buscador y terminaron dominando tareas de inteligencia artificial. Así, OpenAI se suma a la fila de compañías que intentan fabricar su propio hardware para no depender tanto de Nvidia.
Los chips de Google llevan más de diez años en desarrollo y ahora se ofrecen también a través de la nube de Oracle, ampliando las opciones para quien necesite potencia extra. Amin Vahdat, ejecutivo de Google, señaló que la próxima generación de inteligencia artificial requerirá una amplia gama de recursos de cálculo, frase que suena seria pero que en realidad admite que nadie tiene suficiente poder de cómputo todavía. OpenAI planea empezar a usar sus Jalapeño a finales de este año, como quien decide cocinar su propia salsa en vez de pedirla prestada.
El resultado es una mezcla absurda donde un fabricante de modelos de inteligencia artificial termina comprando piezas al mismo competidor que intenta superar. Nadie sabe aún cuánto costará el acuerdo ni qué condiciones impondrá Google, pero el simple hecho de que OpenAI busque estos chips muestra que hasta los más avanzados necesitan ayuda externa. Al final, la guerra de los semiconductores parece más una reunión familiar disfuncional que una batalla tecnológica limpia.




