La presidenta Claudia Sheinbaum sorprendió a más de uno al pedir que la Auditoría Superior de la Federación revise hasta el último recibo del Instituto Nacional Electoral, incluyendo las gestiones anteriores a Guadalupe Taddei. En la Mañanera del Pueblo del 27 de octubre, la mandataria dejó claro que no basta con mirar hacia un solo lado y que todo debe revisarse sin excepciones.
La renuncia de Taddei, presentada el 26 de octubre tras señalamientos por contrataciones irregulares y su cercanía con un proveedor de materiales electorales, activó de inmediato una investigación de oficio de la ASF anunciada tres días antes. Sheinbaum amplió el foco y señaló también la etapa de Lorenzo Córdova, recordando que los problemas no nacieron de la noche a la mañana. La medida se interpreta como un intento por ordenar una institución que ha acumulado cuestionamientos durante años.
El anuncio generó reacciones encontradas, aunque muchos ven en la solicitud una forma directa de enfrentar irregularidades sin rodeos. En lugar de limitarse a comentarios, la presidenta optó por activar mecanismos institucionales para revisar el uso de recursos públicos en el INE. El escándalo, que parecía destinado a crecer sin control, quedó acotado por una instrucción clara y amplia.
Al final, la jugada de Sheinbaum convierte un problema acumulado en una oportunidad para limpiar cuentas viejas. Mientras algunos se entretienen con el escándalo, la orden de auditar todo sigue su curso y deja poco margen para interpretaciones cómodas.




