Las empresas brasileñas congelan sus planes de venta de acciones tras el regreso de Lula

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Las compañías brasileñas habían preparado ofertas de acciones por unos seis mil millones de dólares esperando un gobierno de Bolsonaro que facilitara los negocios. Tras la victoria ajustada de Lula con el cincuenta y uno coma ocho por ciento de los votos, esos proyectos se fueron al fondo del cajón hasta mediados de dos mil veintisiete. Los mercados reaccionaron con la mayor caída bursátil en treinta años y el real sufrió su peor desplome desde mil novecientos noventa y nueve.

Los banqueros de inversión calculaban que solo las ofertas públicas podrían haber recaudado treinta mil millones de reales en seis meses bajo el candidato perdedor. Ahora las mismas firmas que preparaban lanzamientos inmediatos, como Equatorial, Ecorodovias y Transmissora Aliança, deben esperar años. El ambiente en São Paulo se parece a una fiesta cancelada a la que nadie avisó que el invitado principal había cambiado de chaqueta.

Empresas como Compass Gas, Guararapes y Aegea también vieron truncadas sus intenciones de captar capital fresco. El Banco Votorantim, que sopesaba reactivar su cotización a principios de dos mil veintisiete, decidió guardar los papeles por tiempo indefinido. Los ejecutivos revisan ahora las promesas electorales de Lula que suman más de cincuenta mil millones de reales y se preguntan quién pagará la cuenta.

Los inversores extranjeros que apostaron fuerte por Bolsonaro tras la primera vuelta ahora evalúan si el nuevo equipo económico aplicará disciplina fiscal o preferirá gastar con generosidad. Nombres como Rafael Fonteles y Camilo Santana circulan como posibles ministros, aunque algunos dudan de que dejen sus cargos estatales tan pronto. Mientras tanto, el BNDES aparece como el posible salvavidas que inyecte liquidez cuando el mercado se niegue a abrir la billetera.

El resultado electoral ha trastocado incluso negociaciones de fusiones, como la posible venta de Farm Rio por parte de Azzas dos mil ciento cincuenta y cuatro. Los banqueros recomiendan paciencia y esperan que Lula presente un plan creíble de contención del gasto antes de que alguien vuelva a soñar con ofertas públicas. Por ahora, la única certeza es que las acciones brasileñas tardarán en recuperar el aliento que perdieron en una sola noche electoral.

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