Reino Unido amenaza con multas de mil libras a los que suelten la música a todo volumen en el tren

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En un intento por civilizar los vagones británicos, el Gobierno ha decidido que quien se niegue a usar auriculares puede acabar pagando hasta mil libras o bajando en la siguiente estación como si fuera un pasajero indeseable en una película del Oeste. La campaña, que se llama “Comparte el vagón, no el ruido”, pretende evitar que los demás viajeros tengan que soportar reguetón, llamadas de madre o vídeos de gatos a todo pulmón.

El personal ferroviario recibirá órdenes de acercarse con educación, pedir que baje el volumen y, si el pasajero hace caso omiso, invitarlo a abandonar el convoy en la próxima parada. Todo esto antes de que intervenga la Policía de Transporte, que sí puede poner la multa completa. Los carteles y los avisos por megafonía recordarán que el vagón no es un karaoke particular ni una discoteca móvil.

Los conductores de autobús ya pueden aplicar multas inmediatas de cien libras por el mismo motivo, aunque prefieren no meterse en líos. Mientras tanto, el alcalde de Manchester celebra la medida y promete que también se actuará contra los que vapean, tiran basura o convierten el transporte en un vertedero rodante.

Los sindicatos, sin embargo, advierten que los empleados acabarán recibiendo los insultos y posibles agresiones de los pasajeros enfadados, algo que ya ocurre con demasiada frecuencia. La nueva norma, por tanto, parece más un recordatorio de buena educación que una solución real a los problemas de convivencia en el transporte público británico.

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