La ex primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, anunció que había conseguido un alto el fuego en la ciudad ucraniana de Oleshky, presentándose como la heroína que evita el desastre con un simple comunicado y sin necesidad de levantarse del sofá. Según sus palabras, la zona estaba al borde del abismo y solo su intervención permitió que llegara ayuda humanitaria, algo que suena tan creíble como que un influencer salve la economía mundial con una foto en bañador.
Oleshky, controlada por Rusia y situada junto al río Dniéper, sufre escasez de comida y medicinas mientras los dos bandos se echan la culpa como dos niños peleando por el último trozo de tarta. Melania asegura que trabajó directamente con los líderes de ambos países para definir los términos, dejando claro que los civiles, no los militares, serán quienes visiten las casas y pregunten qué necesitan los vecinos, como si fueran inspectores de gas.
La ciudad, que antes tenía veinticuatro mil habitantes, ahora apenas llega a dos mil, en su mayoría ancianos y unos cincuenta niños. Melania añadió que un medio estadounidense imparcial documentará todo el proceso para que nadie se salte las reglas, algo que recuerda a cuando un programa de televisión envía cámaras para que nadie robe en la nevera.
Los residentes que quieran marcharse recibirán transporte hacia donde prefieran, ya sea Rusia o Ucrania, porque al final la guerra parece más un divorcio complicado que un conflicto internacional. Mientras tanto, las comunicaciones siguen cortadas y la ayuda humanitaria depende de que nadie se ponga terco como una suegra en plena discusión familiar.




