Cuando la obsesión por lo sano te convierte en monje de la espinaca

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El Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM) lanzó una advertencia sobre dos trastornos que suenan a dieta de influencers pero pueden volverse tan rígidos como una tabla de planchas eternas. La ortorexia y la vigorexia acechan a jóvenes que convierten el brócoli y las pesas en religión personal, y el instituto estatal se encarga de recordar que hay líneas entre cuidar el cuerpo y convertirlo en un proyecto de ingeniería obsesiva.

Especialistas del ISSEMYM explican que las redes sociales bombardean con cuerpos perfectos y menús de superalimentos, lo que empuja a algunos adolescentes a rechazar cualquier plato que no parezca salido de un laboratorio de nutrición. La ortorexia aparece cuando elegir comida sana se transforma en una lista de prohibiciones tan larga que ya no queda espacio para una cena con amigos sin sentir culpa. Señales como evitar eventos sociales por miedo a la comida o pasar horas revisando etiquetas muestran que el asunto ya no es solo salud, sino control absoluto. Por otro lado, la vigorexia hace que el espejo sea el peor enemigo: la persona ve debilidad donde hay músculo normal y pasa horas en el gimnasio sin descanso, descuidando trabajo, estudios y hasta el sueño. Ambas condiciones pueden mezclarse con ansiedad o pensamientos repetitivos, según la psicóloga Ana Isabel Mercado Bernal de la Clínica Lázaro Cárdenas del instituto.

El ISSEMYM mantiene su red de atención lista para derechohabientes que detecten estas conductas. Acudir a la clínica de adscripción permite una evaluación completa con nutricionistas, psicólogos y médicos que trabajan en equipo, sin necesidad de resolverlo solo con más ejercicio o dietas extremas. La institución estatal destaca que la atención integral incluye también apoyo familiar cuando se requiere, y la información sobre unidades médicas está disponible en su página oficial.

En resumen, comer bien y entrenar siguen siendo buenos hábitos, pero cuando se vuelven dictadura personal ya no es disciplina, es una película de terror con final de agotamiento. El ISSEMYM sigue vigilando para que la salud no se convierta en otra obsesión de redes.

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