En un giro digno de telenovela corporativa, Raúl “Potro” Gutiérrez cometió el pecado capital del futbol: un crimen de guardarropa. Tras ser visto portando los colores del América, Cruz Azul Femenil activó sus protocolos de emergencia, declarando una crisis institucional y despidiendo al estratega con la solemnidad de un juicio marcial.
Para apagar el incendio cromático, la directiva rompió el cristal de “En Caso de Pánico” y sacó a Joaquín Moreno, el confiable interino de siempre. Una decisión tan predecible como el tráfico en Viaducto. Sin embargo, en la prisa por restaurar el orden estético, parece que alguien olvidó revisar los archivos recientes de la empresa. Aquí es donde la trama se vuelve absurdamente deliciosa. Resulta que Guadalupe “Lupita” Worbis, quien ya había tomado las riendas del equipo este mismo torneo tras la salida de Israel del Real, fue omitida del proceso.
Es como si en la oficina hubieran perdido su número de teléfono o su expediente se hubiera traspapelado con los menús de comida a domicilio. Worbis conoce a las jugadoras y la dinámica interna, pero fue superada por la opción de “marcado rápido” que representa Moreno. La lógica directiva sugiere que es más fácil llamar al contacto de siempre que buscar en la carpeta de “gente competente que ya trabaja aquí”.
Al final, el mensaje es claro: en La Noria, la lealtad a la paleta de colores es un criterio de contratación más importante que la memoria a corto plazo o la continuidad de un proyecto. El equipo necesita estabilidad, pero la directiva parece estar eligiendo su próximo movimiento jugando a la lotería.




