Parece que la gallina de los huevos de oro de la inteligencia artificial resultó ser un pollo de goma con las pilas agotadas. Wall Street amaneció este martes con un humor de perros, dándose cuenta de que la última gran maravilla tecnológica podría ser menos rentable que vender churros a la salida de una discoteca. El S&P 500 y el Nasdaq se tiñeron de rojo, mientras los inversionistas corrían a buscar refugio como si hubieran visto al cobrador del frac.
La gota que derramó el vaso de antidepresivos fue el debut bursátil de Elice, una empresa surcoreana de IA que se estrelló un 32 % más rápido que un cohete de feria. Este porrazo monumental hizo que todos se preguntaran si esas famosas “neoclouds” son el futuro o solo una forma elegante de decir “garajes llenos de servidores que se sobrecalientan”. Para colmo, otras joyas del sector como CoreWeave acumulan una caída de más del 60 %, demostrando que la burbuja tiene la misma consistencia que una pompa de jabón.
Y para echarle más leña al fuego (un fuego carísimo, por cierto), el petróleo Brent superó los 111 dólares por barril gracias a las tensiones con Irán. De repente, el mundo real le dio un bofetón al digital, recordando a los genios financieros que no se puede llegar a la oficina en un holograma. La cruda realidad es que llenar el depósito del coche empieza a ser un lujo solo al alcance de futbolistas y herederos de jeques.
Pero en un giro digno de telenovela barata, mientras los prodigios de la tecnología lloraban sobre sus teclados mecánicos, los vejestorios de la industria tradicional sacaban pecho. General Motors, esa reliquia que fabrica coches que se tocan, anunció una recompra de acciones por 20.000 millones de dólares. Parece que fabricar camionetas sigue siendo un negocio más seguro que prometer robots que aún no saben ni prepararte un café.
Al final, la jornada deja un panorama desolador y bastante cómico. Los gurús de la bolsa, con la misma seguridad de un pulpo eligiendo al ganador del mundial, balbucean que el mercado necesita “pruebas de rentabilidad”. Traducido al idioma de la gente normal: nadie tiene ni la más remota idea de si todo este circo de la IA servirá para algo más que para crear imágenes de gatos con sombreros de copa. Mientras tanto, el resto de los mortales nos preparamos para decidir entre comprar acciones o un bidón de gasolina.




