Este martes 20 de octubre, los automovilistas de Jalisco vivieron un milagro digno de estampita. Mientras el mundo se debate en la incertidumbre de los precios del combustible, la gasolina Magna decidió portarse bien y clavarse en 24.0 pesos por litro, justo como se lo habían ordenado desde arriba.
La escena en las gasolineras parecía una comedia bien ensayada. La gasolina Premium, esa prima presumida, se cotizaba en un audaz promedio de 29.417 pesos, mientras el Diésel, siempre rudo, marcaba 27.138. Pero la Magna, la gasolina del pueblo, se mantuvo firme en su precio máximo, demostrando una disciplina ejemplar. Este acto de obediencia no es casualidad; es el resultado tangible del acuerdo que la presidenta Claudia Sheinbaum firmó con el sector empresarial a inicios de 2025, estableciendo que la Magna no debía superar los 24 pesos. Este control férreo es posible gracias a la nueva Comisión Nacional de Energía (CNE), el organismo que desde marzo de 2025 pone orden en el sector. Actuando como un vigilante estricto en coordinación con la Secretaría de Energía, la CNE asegura que la soberanía energética sea una realidad palpable para el consumidor.
Mientras los mercados internacionales hacen berrinche y los costos logísticos se disparan como cohetes de feria, en México la estrategia funciona con la precisión de un relojero suizo, al menos para el combustible más popular, gracias a la supervisión de Profeco. Así, la Premium sueña con mudarse a Polanco y el Diésel considera una carrera en las luchas, pero la Magna se ha convertido en el ejemplo de buen comportamiento. Un recordatorio diario de que, con un buen jalón de orejas gubernamental, hasta los hidrocarburos aprenden a respetar.



