En una jugada que desafía la lógica de cualquier persona que haya tenido una mala relación, el banco de inversión Goldman Sachs ha decidido que es un excelente momento para volver a creer en CoreWeave. Justo después de que las acciones de la compañía se desplomaran un 25% la semana pasada, en una caída más dramática que el final de una telenovela, los genios de las finanzas le dieron una palmadita en la espalda y subieron su recomendación a «comprar». Es el equivalente financiero a ver a un amigo tropezar, caer por las escaleras y decirle: «¡Qué gran momento para invitarte a correr un maratón!».
El pánico se desató porque la deuda de CoreWeave empezó a oler a rancio, alcanzando niveles que usualmente indican que la billetera de la empresa está pidiendo auxilio. El costo para asegurar esa deuda se disparó a récords históricos, lo que en lenguaje de gente normal significa que los prestamistas estaban más nerviosos que un gato en una habitación llena de mecedoras. Los inversores, por supuesto, reaccionaron como si hubieran visto una cucaracha en la cocina, vendiendo acciones a diestra y siniestra.
Pero entonces llegó Gabriela Borges, analista de Goldman, con su hoja de cálculo y una dosis de optimismo que ya quisieran los coach motivacionales. Reconoció que hay dudas sobre si CoreWeave podrá pagar sus cuentas, pero concluyó que, tras la paliza, la acción es una ganga. Según sus cálculos cabalísticos, aunque los intereses suban un poco, todo saldrá bien, porque la demanda de inteligencia artificial es como el hambre a las tres de la mañana: insaciable y siempre presente.
Para demostrar su inquebrantable fe, Goldman procedió a bajarle el precio objetivo de 139 a 106 dólares. Es como decirle a tu pareja: «Te amo más que nunca, pero ahora vales menos para mí». A pesar de la rebaja, este nuevo objetivo todavía implica una posible ganancia de más del 40%, demostrando que en Wall Street la esperanza es lo último que se pierde, justo después del dinero de los demás.
Y no están solos en esta fiesta de las gangas. Deutsche Bank también calificó la caída como una oportunidad de compra, y hasta el mandamás de Nvidia, Jensen Huang, salió a decir que CoreWeave «mejora cada día». Con más del 70% de los analistas gritando «¡compren, compren!», parece que el único requisito para invertir en esta acción es tener un estómago de acero y una fe ciega.
Así que ya sabe, cuando vea una acción desplomarse con problemas de deuda hasta el cuello, no se asuste: probablemente sea la próxima gran inversión que los expertos recomiendan. O, con la misma probabilidad, el próximo gran chiste que le contará a su terapeuta financiero.



