En el giro más ridículo de la geopolítica moderna, que parece sacado de un mal chiste de oficina, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha salido a llorar en público porque la conexión a internet de sus drones de guerra va más lenta que una tortuga con reuma. Al parecer, en plena batalla, los sistemas satelitales Starshield, cortesía del Tío Sam, decidieron que ir a más de 130 km/h era demasiado esfuerzo y se pusieron en modo siesta, dejando a los drones ucranianos más colgados que un estudiante en examen final.
Según el berrinche presidencial, esta ralentización no es casualidad, sino un castigo divino enviado directamente desde Washington. Ucrania acusa a Estados Unidos, y más específicamente a la pandilla de Donald Trump y Elon Musk, de bajarle la velocidad al internet como si fueran un padre castigando al hijo por pasarse de la raya con la tarjeta de crédito. ¿La supuesta ofensa? Bombardear refinerías rusas. Como resultado, las advertencias de ataques aéreos ahora llegan con el mismo retraso que una pizza a domicilio en hora pico, básicamente cuando el misil ya está saludando en la sala de estar de la gente.
Pero el drama no termina ahí. Zelenski también sacó su lista de quejas para acusar a Estados Unidos de tener sus misiles interceptores secuestrados en algún almacén del Pentágono. Asegura que el armamento, ya pagado por generosos países europeos, está acumulando polvo mientras espera la firma de un tal Pete Hegseth, un secretario de Defensa que al parecer tiene la pluma más pesada del mundo. La supervivencia de una nación depende de un autógrafo que no llega, ¡qué eficiencia burocrática!
Para rematar la humillación, mientras Zelenski intenta averiguar si el problema se arregla reiniciando el módem, Donald Trump ya está planeando una reunión de amigotes con Vladimir Putin y Xi Jinping para hablar de la guerra… sin invitar al principal involucrado. La cumbre, que se perfila como el «Club de Tobi» de los líderes mundiales, dejaría a Zelenski afuera, mirando por la ventana y preguntándose si al menos le pasarán la contraseña del wifi. Así es la guerra en el siglo XXI: menos trincheras y más quejas al servicio técnico.



