Ecuador y Perú, esos dos vecinos que hace un par de décadas se agarraban del chongo por el patio trasero, ahora decidieron que es más civilizado reunirse para intercambiar cachivaches. El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, se fue de visita a Lima para verse con su colega peruana, Keiko Fujimori, en una de esas cumbres rimbombantes que llaman «Gabinete Binacional». El objetivo es firmar papeles y sonreír para la foto, pretendiendo que su amistad comercial es más sólida que matrimonio de telenovela.
La cosa es que en esta relación comercial, uno de los dos se está llevando la mejor parte, y no es precisamente Ecuador. En 2025, el país de la mitad del mundo le vendió a sus vecinos peruanos la impresionante suma de 611 millones de dólares en productos. Pero como en toda buena borrachera donde alguien termina pagando la cuenta de todos, Perú les vendió de vuelta 1.023 millones, dejando a Ecuador con un hueco en la billetera de 412 millones de dólares. A este ritmo, van a tener que empezar a vender hasta los sombreros de paja toquilla para cuadrar las cuentas.
¿Y qué se andan vendiendo estos dos compadres? Ecuador manda con mucho orgullo minerales por 170 millones de dólares, tableros de madera y hasta electrodomésticos, el kit completo para que el vecino se arme una casa más lujosa. Mientras tanto, Perú les devuelve el favor enviándoles alimento para animales por 307 millones de dólares. Así es, el negocio del siglo: Ecuador exporta la materia prima para construir rascacielos y recibe a cambio croquetas para perro y gato a precio de oro.
Para que no parezca que solo se juntaron a ver quién le saca más plata al otro, la agenda también incluye temas serios que suenan a relleno de pavo navideño. Hablarán de seguridad, asuntos ambientales y desarrollo fronterizo, esas cosas que se discuten con cara de preocupación mientras todos piensan en la hora del almuerzo. Es el equivalente diplomático de hablar del clima cuando ya no sabes qué decir en una cita incómoda.
Al final, después de firmar la paz en 1998, parece que encontraron una nueva forma de competir: ver quién es el campeón de las finanzas. Noboa y Fujimori se llenarán la boca hablando de «hermandad» y «futuro compartido», pero los números no mienten. Esta es una amistad en la que uno invita a la cena y el otro se come hasta el postre, los cubiertos y se lleva el mantel de recuerdo.



