En un episodio más de “Vecinos Inesperados”, el expresidente y candidato Donald Trump descolgó el teléfono para ofrecerle a México una “ayudita” con su producción de petróleo, como quien se ofrece a regarte las plantas mientras estás de vacaciones. La presidenta Claudia Sheinbaum recibió la llamada con la misma emoción que uno siente al ver un número desconocido, y confirmó el ofrecimiento durante su circo matutino de tres pistas, también conocido como conferencia de prensa.
Sheinbaum, con más paciencia que un santo en el tráfico de la tarde, aclaró que la respuesta fue un rotundo y educado “gracias, pero no gracias”. Al parecer, le explicó a su homólogo que en México las cosas no funcionan como en una venta de garaje. “Señor Presidente: aquí hay una Constitución y leyes, aquí no se puede dar derechos de petróleo”, fue la versión oficial, que traducida del lenguaje diplomático significa: “¿qué parte de que el petróleo es nuestro no se entendió?”.
Y es que la situación petrolera de México anda más deprimida que un lunes por la mañana. Con la producción más baja en cuatro décadas, el país apenas saca 1.7 millones de barriles diarios, una cifra que apenas alcanza para llenar el tanque de la mitad de los coches en la capital. De esa cantidad, solo un 10% proviene de empresas privadas, mientras que el resto es obra y gracia de la paraestatal Pemex, que opera con la agilidad de un caracol con reumatismo.
Pero la generosidad de Trump no se detuvo ahí. Como si fuera una oferta de infomercial, también le propuso a México venderle más gas natural. Lo cómico del asunto es que México ya es el cliente número uno del gas gringo, con un 75% del consumo nacional dependiendo de las importaciones por gasoducto. Ofrecerle más gas a México es como ofrecerle más arena al desierto.
La presidenta reconoció que algunos funcionarios estadounidenses no terminan de entender el sistema legal mexicano, una forma elegante de decir que creen que todo se arregla con un apretón de manos y un cheque en blanco. Mientras tanto, mencionó ejemplos de cómo sí se puede colaborar, como el caso de Halliburton, que lleva 80 años trabajando con México sin necesidad de reescribir la Constitución.
Al final, la trama se enreda más que un cable de audífonos viejo. Resulta que México ya participa en negocios energéticos de primer nivel, como la planta de Sempra Energy en Baja California, que importa gas de Estados Unidos solo para enfriarlo y mandarlo en barco a Asia. Así que, mientras Trump ofrece ayuda, México ya está jugando su propio ajedrez energético internacional, uno muy raro y complicado.



