A Wall Street le importa un pimiento las tasas de interés, como a ti la opinión de tu tía sobre tus tatuajes

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Parece que en Wall Street han decidido que las reglas de la economía son más bien una sugerencia. Históricamente, cuando las tasas de interés subían, las acciones se desplomaban como la dignidad de un político en campaña. Pero ahora, los ricachones de Citi dicen que esa relación está más rota que tu promesa de empezar la dieta el lunes. El mercado bursátil, inflado como un pavo en Navidad gracias a la inteligencia artificial, se encoge de hombros y sigue la fiesta.

Informe El Chapucero

Un tal Scott T. Chronert, que seguro gana más en un día de lo que tú verás en un año, explica que las tasas de interés ya no son el coco que asusta a los inversionistas. Antes, ver subir los bonos era la señal para salir corriendo de las acciones. Ahora, es como si tu pareja te amenazara con irse, pero sabes perfectamente que no tiene a dónde más ir. La gente está demasiado cómoda apostando su dinero en la bolsa.

Aquí viene lo bueno: los genios de Citi calculan que el índice S&P 500 está sobrevalorado, cotizando a 22,4 veces sus beneficios, cuando su modelo de «valor razonable» dice que debería estar entre 17,1 y 22,1. Es como pagar el precio de un jamón de bellota y recibir una mortadela con aceitunas. Pero a nadie parece importarle mientras la ilusión del dinero fácil siga viva, demostrando que el optimismo puede ser más potente que las matemáticas.

La culpa de este desmadre la tiene, en parte, la inteligencia artificial. Las empresas de tecnología son las estrellas del momento, mientras que los sectores más aburridos y predecibles se hunden en la miseria desde agosto. Es la eterna lucha entre el sobrino que dice que se hará millonario con criptomonedas y el tío que lleva cuarenta años trabajando en una fábrica de tornillos. Adivina quién está recibiendo toda la atención en la cena familiar.

Pero la cosa se pone más geriátrica. Resulta que la gente mayor de 55 años posee cerca del 75% de los activos financieros, y son los que podrían decidir si se van a la seguridad de los bonos. Mientras tanto, los jóvenes siguen metiendo sus ahorros en acciones como si no hubiera un mañana. Esto deja una pregunta en el aire que ni el propio Chronert sabe responder: ¿quién diablos va a seguir comprando acciones a estos precios?

Al final, todo depende de que las empresas sigan generando ganancias y de que aparezcan nuevos valientes dispuestos a entrar al casino. La bolsa se ha convertido en una especie de fiesta extraña donde la música sigue sonando, aunque ya todos saben que el alcohol es de garrafón y en cualquier momento puede llegar la policía a aguar el festejo. Pero, ¿quién quiere ser el primero en irse a casa?

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